La proyección externa de la energía vital interna genera un campo electromagnético. A este conjunto vibratorio llamamos aura. Cada persona manifiesta un núcleo esencial que le constituye, conforma, le define y caracteriza. Es un sistema dinámico en desarrollo y constante evolución.
Sin embargo y aunque normalmente nos referimos con este término a la impresión general o de conjunto resultado de ese fenómeno energético, me permito sólo apuntar, pues no es lugar ni momento para profundizar en ello, que su alcance va mucho más allá de lo que esta definición expresa porque posee un diseño estructural complejo y porque como fenómeno energético tiene connotaciones propias y de gran alcance.
Si bien, denominamos aura a la impresión de conjunto, podemos diferenciar un espacio aúrico interno y otro externo. El primero se extiende entre 1 y 1,3 m alrededor del cuerpo en todas direcciones. El segundo, también llamado zona de amortiguación, se expande más allá del primero unos 4,5m y su límite hace frontera con el medio externo y normalmente impide la interferencia energética y la entrada de negatividad. En conjunto mide de 5,5 a 5,8m de diámetro. Considerando estas medidas como estándar, pueden no obstante variar ligeramente según las personas.
Lo más básico es conocer que la función de su espacio aúrico es protegerlo de influencias externas nocivas. Es como un filtro que permite que toda energía negativa que se percibe diariamente en diferentes ambientes y con diferentes personas se pueda eliminar. Y que es un ente dinámico, vivo, en continua interacción con el medio.
Hacer un dibujo en donde se vea a un hombre -puede ser con estructura de palos- dentro de un circulo pequeño y que a su vez estos estén encerrados en otro segundo círculo más grande. (representa el espacio aúrico interno y externo)